domingo, 9 de junio de 2013

Monseñor Oscar Arnulfo Romero



Ultima homilia de Monseñor Romero (audio original)



"Si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño"
Palabras proféticas pronunciadas por monseñor Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, asesinado el 24 de marzo de 1980.

Una bala le perforó el corazón mientras elevaba el cáliz consagrado en el altar de la Capilla del Hospitalito donde todos los días celebraba la eucaristía.

Su voz fue también la del movimiento popular salvadoreño que se levantaba contra la opresión y la miseria. Aún es recordado por su incansable lucha por la justicia social.



EN BREVE

Uno de los arquitectos del asesinato del Arzobispo Oscar Romero, el Capitán Álvaro Saravia, encontró un lugar seguro donde vivir en Modesto, California, donde dirigía un negocio de venta de autos. En Septiembre 2003, CJA y la firma de abogados Heller Ehrman ofreciendo sus servicios de manera gratuita interpusieron una demanda contra Saravia por su papel en el asesinato.

Una vez se le hizo entrega de la demanda, Saravia corrió a esconderse. En 2004, un juez federal emitió una sentencia en rebeldía (ya que Saravia no se presento a la vista) encontrando al ex capitán Saravia responsable de asesinato extrajudicial y crímenes contra la humanidad. Se le ordenó pagar $10 millones a nuestro cliente, un familiar de Monseñor Romer. Saravia está en la lista de criminales más buscados por el Departamento de Seguridad Nacional.


ANTECEDENTES

“En nombre de aquellos que sufre, cuyos llantos se eleven al cielo cada día más tumultuosos, os suplico, os ruego, os ordeno, en el nombre de Dios, parar esta represión.”

El 23 de Marzo, 1980 Oscar Arnulfo Romero y Galdamez, Arzobispo de San Salvador y figura líder en la lucha por los derechos humanos en El Salvador dio este sermón a través de la radio nacional. Al día siguiente, el Arzobispo era asesinado mientras celebraba misa en la Capilla del Hospital de la Divina Providencia.

El Arzobispo Romero era la voz de las victimas de la represión gubernamental y de los pobres. A través de sus homilías semanales en la radio que se escuchaban en todo el país, cautivaba las audiencias salvadoreñas y llamaba al fin de la represión militar.

Como remarca la autora y biógrafa de Monseñor Romero Margaret Swedish:

“Esto era algo sorprendente para los pobres de El Salvador – el escuchar a alguien contar su realidad, dar nombre a sus sufrimientos, denunciar la injusticia, hablar de sus esperanzas y ayudarles a creer que estas esperanzas deberían convertirse en realidad en este mundo.”


Obstrucción a la Justicia en los Tribunales de El Salvador

El asesinato fue concebido y coordinado por oficiales del ejército salvadoreño y líderes de grupos paramilitares de extrema derecha, hombres de influencia que fueron capaces de impedir todo intento de hacerles responsables de sus crímenes. En Mayo 1980, una redada efectuada en una reunión de un escuadrón de la muerte produjo documentos implicando al Mayor Roberto D’Aubuisson y su jefe de seguridad, Álvaro Saravia en el asesinato. En las semanas que siguieron, los paramilitares de extrema derecha llevaron a cabo una serie de amenazas y ataques terroristas para asegurar la puesta en libertad de los conspiradores. D’Aubuisson y Saravia fueron puestos en libertad sin cargos. Varios años después, en un giro irónico y cruel, el abogado privado de D’Aubuisson fue nombrado fiscal del caso Romero; poco después este fiscal produjo una confesión grabada en video de un criminal común, quien más tarde admitió haber recibido un soborno de $50,000 por su cooperación.

En 1986, el entonces presidente José Napoleón Duarte, un rival político de D’Aubuisson, reabrió el caso y finalmente se descubrió evidencia que conectaba a Saravia con el crimen. Para cuando un juez pudo emitir una orden de arresto, Saravia había emigrado a Estados Unidos. El Salvador interpuso una petición de extradición con el gobierno Estadounidense, pero un año después la Corte Suprema Salvadoreña rescindió la orden de arresto y retiró la petición de extradición. El Presidente de la Corte Suprema no era otro que el mismo abogado de D’Aubuisson que había producido la confesión falsa previamente.

Saravia se encontraba en una prisión federal bajo cargos de inmigración en el momento de la petición de extradición, pero fue puesto en libertad bajo fianza en 1988 tras la decisión de la Corte Suprema Salvadoreña. Desde entonces ha vivido en California y Florida, donde Amnistía Intenacional y otras ONGs de derechos humanos han denunciado su presencia.


HISTORIA DEL CASO

Demanda

En Septiembre 2003, CJA interpuso una demanda contra Álvaro Rafael Saravia, por su papel en el asesinato del Arzobispo Romero. La demanda fue presentada en nombre un familiar del Arzobispo, cuyo nombre no se ha revelado por razones de seguridad. Saravia fue servido con la demanda en la dirección de su casa, pero falló en responder y desde entonces se encuentra en paradero desconocido.

Sentencia por Rebeldia

En Agosto 2004, el Juez Wanger de la Corte de Distrito de Estados Unidos para el Distrito del Este de California mantuvo una vista por daños. CJA presentó evidencia vinculando a Saravia con el asesinato del Arzobispo Romero, incluyendo el testimonio de Armando Antonio Garay, antiguo conductor de Saravia que transporto al asesino a la escena del crimen. Garay testificó que Saravia le dijo al asesino: "…mejor le disparas a la cabeza porque puede que lleve puesto un chaleco anti-balas. Tines que asegurarte que está muerto [sic]."

El 3 de Septiembre, 2004 el Juez Wanger emitió una decisión histórica hacienda a Álvaro Saravia responsable por su papel en el asesinato del Arzobispo Oscar Romero. El Juez Wanger ordenó a Saravia a pagar $10 millones al demandante. Al anuncia la cantidad monetaria, el Juez Wanger afirmó que "los daños son de una magnitud que son difícil de describir, la única cosa que podemos hacer desde una corte civil es requerir al acusado a que pague dinero".

Anterior a esta decisión, ningún individuo había sido hecho responsable por el asesinato, uno de los más atroces y espeluznantes crimenes de la última parte del Siglo 20.

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