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domingo, 14 de febrero de 2016

México consumido por la ingobernabilidad

¿Todos eran Zetas? “Así es”: Jaime Rodríguez sobre los muertos en Topo Chico


Redacción AN
febrero 12, 2016 11:41 am


Miguel Sarre, profesor del Instituto Tecnológico Autónomo de México quien ha estudiado durante años el sistema penitenciario mexicano, opinó que el gobernador aceptó “una realidad que en sí mismo es gravísima, decir que no se tiene el gobierno en un área donde el estado debe tener el control total, es gravísimo. Es una crisis de gobernabilidad pero no sólo es en Nuevo León, en general es una crisis de gobernabilidad en las prisiones en el país y esto tiene mucho que ver una falta de un marco normativo adecuado, tenemos un atraso tremendo en materia de legislación, y ahorita está en camino una legislación nacional de ejecución penal, esta puede ayudar para crear las bases para tener gobernabilidad en las prisiones, y escapar en el dilema que tenemos ahorita: o tienes por un lado autogobierno, crisis y situaciones como las de Nuevo León, o tienes centros de alta seguridad que son un verdadero holocausto a fuego lento”.
Por ello sostuvo que “necesitamos gobernabilidad, sí, pero con respeto a los derechos humanos, y no es trasladando internos locales a cárceles federales como vamos a arreglar el problema, sino teniendo cárceles locales que verdaderamente estén controladas por la autoridad”.
Sobre la ley nacional de ejecución penal, dijo que “lleva mucho tiempo cocinándose, está en sus semanas finales, lo que plantea es… establecer controles sobre las autoridades, transparencia sobre la forma en que está organizada la prisión”, pero la Secretaría de Gobernación “no quiere”.
“Se trata de que exista la posibilidad de que los medios de comunicación y organizaciones puedan ingresar a las prisiones; Gobernación no quiere”, refirió.
Sarre preguntó “por qué va a haber un enfrentamiento de este calibre, que no sabemos si por armas, incendio… pero cómo puede ocurrir eso en horas de la noche, cuando deben de estar en sus celdas cada uno, eso implica algo tan sencillo: que no tienen las llaves de las celdas el gobierno del estado… lo más grave es que no sabemos si la autoridad tiene un plan para salir de esto”.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Humberto Moreira y minas de carbón clandestinas

El secretario del trabajo y Previsión Social (STPS), Alfonso Navarrete Prida, anunció que realizarán más de 200 inspecciones en los estados de Coahuila y Durango, a partir de este mes y hasta febrero, con el fin de detectar las minas de carbón clandestinas y que en muchos casos son operadas por el crimen organizado.

martes, 23 de octubre de 2012

Islitas

JUAN ENRÍQUEZ CABOT


Llegar a Durango no es fácil. Ni se te ocurra manejar desde el Distrito Federal, pasando por Zacatecas. Volar a Nuevo León y luego atravesar Coahuila, por la Laguna, no es, digamos, la mejor de las ideas. Claro, pudieras llegar a Sinaloa y atravesar por la sierra... Pero la realidad es que es mejor ir en avión, y la ciudad de Durango, como ocurre en cada vez más en tantas partes, se ha quedado como una islita cada vez más pequeña dentro del inmenso mar de violencia que ahoga a México.

Y es una lástima porque en la ciudad de Durango se ha hecho mucho. El Centro Histórico, no tan bello de día, luce precioso de noche, por los cuidadosos trabajos de iluminación, la nueva pintura y la falta de anuncios luminosos y espectaculares. Hay vida. La plaza central está llena de artesanos y locales. Los cafés llenos. En la terraza del Hotel Gobernador, que por cierto alguna vez fungió como cárcel, hay mucha cerveza y debate.

Pero el mar sigue subiendo, mis dos anfitriones en Durango, gente increíblemente amable y trabajadora, al describir la historia pasada y presente de su estado, oscilaban entre el orgullo, de lo que puede ser Durango y su entrona gente, y el temor que la histórica violencia que hoy remonta las orillas de la capital los ahogue. Describen un mar cercano donde hace algunos años a algunos de tus conocidos les pasaba algo, luego a los amigos cercanos y más recientemente a casi todos sus familiares.

Te sales cachito del centro y empiezas a ver, en la ciudad, pinta tras pinta marcando territorios. Sales un poquito más de la ciudad y tu viaje se puede convertir en palabras mayores. El góber no se apersona en parte importante del estado, y donde sí se apersona lo hace en helicóptero, pasando de islita en islita dentro del mar de violencia que no gobierna.

No es la primera vez que Durango vive este nivel de violencia. Siempre ha sido frontera entre muchas tribus en guerra. Pero la memoria a veces se entierra. Dentro del flamante nuevo centro de convenciones se encuentra un hermoso y lujoso edificio. Edificio que construyó Porfirio Díaz para celebrar el centenario de la independencia y donde hoy despacha el gobernador. Edificio que tomaron los malosos de 1910 y que usaron para gobernar, usando violencia extrema.

El Chapo Guzmán de aquella época, cacique y hombre de violencia, quien inició su carrera como ladrón de caminos, era Pancho Villa. Acostumbraba mandar fusilar en la pared de atrás del centro de convenciones. Pared donde hasta hace muy pocos años todavía se veían las marcas de bala de grueso calibre que abatieron a cientos. Pero en el Durango de hoy, a esta pared primero la resanaron, luego la repintaron, y finalmente le colocaron enfrente tremenda serie de esculturas que celebran diversos capítulos de la historia de México (pasando casi por alto la brutal violencia detrás de cada capítulo). Escondemos lo ocurrido, lo tapamos, lo repintamos y luego lo repetimos.

Lo que vive la mayor parte de Durango, y muchas partes de México, surge después de generación tras generación de ni-ni-nis. Jóvenes entre 15 y 18 que no tienen ni educación, ni empleo, ni futuro, jóvenes que son responsables de más del 30% de la violencia que vivimos hoy. Y muy pocos de estos jóvenes, después de iniciarse en la violencia, vuelven a la escuela o vuelven al trabajo.

Aun hoy hay quienes, remodelando un viejo edificio duranguense, se encuentran literalmente lingotes de oro o joyas y monedas enterrados tras metros de adobe cuando llegaban a la ciudad las olas de la Revolución. Claro, más usual es encontrarse que los albañiles dejaron todo, y solo queda sobre el piso, junto a un hueco en la pared o un hoyo en el suelo, una olla rota y vacía. Quedó mucha riqueza enterrada en épocas de la Revolución porque finalmente los dueños murieron en ola tras ola de violencia. Porque a la larga mucha gran trinchera, y mucho ejército, no duran sin legitimidad, sin apoyo del pueblo, y sin convencer a los que quedan afuera de la muralla que sus hijos vivirán mejor si hay paz.

En Durango, y en tantos otros lares, seguimos concentrando riqueza y poder en pocas manos. Y, al no tomar en serio la educación como instrumento para generar empleo y riqueza, al no haber mucha oportunidad, generaciones de pobres prefieren usar la bala y la metralleta como mecanismo para obtener respeto, riqueza y estatus social. Los malos se vuelven líderes y héroes con cada vez más seguidores.

Y ahora, igual que ocurrió con la Revolución, las olas de violencia y venganza, lideradas por algunos bandidos sanguinarios, se expanden, desde el Norte de México hacia todo el país. Y los caciques adquieren cada vez más adeptos que buscan una respuesta a la falta de respeto, oportunidades, justicia y futuro. Se gesta creciente y violento ejército paralelo que primero toma el campo y luego empieza a inundar ciudades y capitales. Los pequeños cotos de ricos, y cada vez más gobernantes, se quedan aislados y atrincherados en cada vez menos lugares. Y México se vuelve país y economía archipiélago, con algunas islitas modernas y prósperas, atrincheradas y amuralladas contra el salvajismo que impera justo afuera en un mar de violencia que se sigue expandiendo...